Agujero negro

Mayor succión que la mismísima aspiradora de SpaceBalls.


 

Un miércoles maldito que más me conviene olvidar que tener en cuenta.

 

Un largo día lleno de baches y sopapos, de recibir quejas o malas noticias, de tener que estar 100% para los demás.

 

Una concentración de la tormentosa semana que atravieso que cual agujero negro me succiona hasta la energía y la luz que pudieran crecer en mí.

 

Gente que a pesar de volcarte con ellos sólo miran por ellos mismos o sus intereses cuando les conviene, citas o eventos importantes que se entrecruzan y te hacen decidir sabiendo que perderás una de ambas.

 

La caldera que deja de calentar cuando estás en pleno jaboneo de la cabeza, cambios de horario laboral que afectan directamente, amenazas de gente que ni conoces, planes que no salen como esperabas aun habiéndolos preparado con mimo.

 

Esos días que te quedas frío si vas de corto y que sudas si te pones la chaqueta, que la música del coche te raya, comer a media tarde tras un no parar, el agobio de la búsqueda laboral y la responsabilidad de acudir o no al gimnasio.

 

El piso, la puerta, los presupuestos, el electricista, la bomba del coche, el ruido del volante y el del capó, la renovación del seguro, la dieta, las caídas de línea que te interrumpen las subidas de gigas, más de 130 CVs en papel en dos semanas para que te acaben llamando de la inscripción online, y... buah... vale ya. Suficiente por un día.

 

El dejarte la mitad de las cosas en el tintero no vaya a ser que ofendas al lector, por alusiones más que nada.

 

Por favor, que acabe ya este mes. Pero Rubo, no dejes de sonreir. Ya sabes, mantener la actitud es crucial y seguro que cuando te enfríes lo ves todo de otra manera. Tú por si acaso, sonríe.

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